sábado, 10 de julio de 2010

Es la ridiculez hecha momento. No tenía sentido en su momento y tampoco lo tiene ahora; el no entener los impulsos es lo que genera diversión y seguridad. De nada sirve tener que repensar los momentos más de una vez; las desiciones se toman y uno debe mantenerlas.

No tiene espacio el recuerdo de nada. Sólo yo y lo que está, nada más.

Genero estupideces porque no me contengo y voy. Sigo viajando hacia ningún lado. En definitiva, tener los labios de la persona que no mirás no se compara con tener los que tanto mirás el día a día. Es una estupidez.

Seguí mis impulsos y quedé varado en nada, en todo y en muy poco. Perdí las oportunidades posibles porque las palabras no salían y el alcohol fluía. Seguía corriendo el veneno de la lujuria por lo que soy y nada me detenía.

Hoy pienso y repienso de nuevo. Cada vez más minutos pasan y yo acá. Teniendo lo que no pedí y disfruto, pero sin conseguir lo que quiero.

viernes, 9 de julio de 2010

I like you

I like you. (But I'm so short of mind and courage that I'm not even supossed to talk to you. Is this idea just a escape from reality? It is not.)
I like you. (I'm so shy when it comes to love.)
I like you. (And that's it. I guess I should tell myself to believe in me and get this words out of my mouth.)

sábado, 3 de julio de 2010

No hay ninguna canción para definir. No tengo imaginación a estas horas y el café ya se enfrió.

Lo único en que puedo pensar es en mí y en lo que dejo de hacer.

El miedo, ese caballero cobarde envuelto en ideas que no funcionan. Esa melancolía de entender y suspirar por un futuro que no va a ser a menos que empiece a jugar esta ronda particular. Ni preguntas ni respuestas, táctica de la más pura. Sin planes, sólo conmigo y con estas ganas.

No entender cómo funciona esto es lo que más curiosidad produce. Y mi cabeza no deja de enroscarse por esto. Es saber vender lo que quiero que compren, y eso. Simplemente comandar este ejército de demencia. Dejar que me enamore del amor y salir a batallar.

Ya no va más este chico simpático y generoso, no más. No al menos esto solo, hay que agregar, hay que sumar. Y desde ahora digo que no, que me cansé de tener esta postura errática y equivocada de seguir pensando que en el amor siempre el jugador más hábil es el que enlaza y el otro se queda expectante. A jugar este juego que quiero proponer.

¿Y si no gano? No tengo que tener desesperanza a estas alturas. No, la cobardía ya se quedó metida adentro de algún cajón, junto a mis ideas anteriores y a mis compromisos con la “no curiosidad”.

Que dar un beso no tenga tantas vueltas.

Que cada vez que las cosas aparezcan en mi pecho

tenga la audacia de poder concretarlas

y que las consecuancias sean sólo una idea.

Que sentir el humo del cigarrillo sea placentero,

no una obligación desenfrenada.

Que la libertad sea una bandera en la espalda

y no un sentimiento escondido.

Que tener valentía se demuestre en cada acción;

que los gritos no se callen.

Que cada mañana sea un SÍ y no un puto NO.

Que cada café tenga tu sonrisa

y que en cada cerveza haya un brindis.

Que cada café tenga tu sonrisa

y que cada mañana sea valentía

Y que un beso no se haga esperar…

viernes, 2 de julio de 2010

Y en la mañana













No, no fue la almohada no reconocida. No fue el color de pared distinto al que estoy acostumbrado ver en las mañanas. Tampoco tuvo que ver el hecho de que sentía todavía el otro lado de la cama caliente y no había nadie. Algo había…

El perfume, eso fue. El olor distinto. Me quedé prendido a las sábanas un rato. Me revolví en mí mismo y seguí soñando despierto. Y ahí estabas, mirándome desde la puerta con esa sonrisa por la que se hubieran tirado 300 tipos al mar; esa complicidad reinventada. Y ahora era mía y de nadie más.


miércoles, 30 de junio de 2010

TEORÍA DEL "HOLA, TE QUIERO CONOCER"

¿Vamos a pasear al jardín? – y yo miraba tus labios e imaginaba cosas.

Acto seguido dijiste que no podíamos ir a caminar sin mate; pusiste el agua a calentar y yo me senté en la mesada y prendí un cigarrillo. Hablamos de banalidades, de boludeces. Me contaste de tu ex y yo fumaba y seguía mirando tu boca. Te conté de mi vida y de mis decisiones y me pediste una seca. El agua se hacía esperar.

Si hay una buena razón para ser argentino es el mate. Es la espera del agua caliente. Siempre (y es ley), mientras el agua va alcanzando el punto de éxtasis matero, las palabras fluyen. Se empieza con una charla que se va a extender entre cebada y cebada. Empezamos a tirar disparadores, hacemos un resumen de lo que queremos hablar y damos paso a lo que no queremos decir. Hay una especie de simbiosis entre el mate y las miradas, es cierto.

El vapor salió, tomaste la yerba y toda la parafernalia típica y salimos por la puerta. Caminamos un rato mientras buscábamos algún lugar digno de escuchar nuestras peripecias y vicisitudes diarias. Un poco más de pasos y ahí estaba el árbol chico, que da poca sombra; sombra suficiente para albergar a dos mendocinos que no quieren sufrir bajo el sol y prefieren pasar frío bajo la figura negra que se dibuja en el piso.

- ¿Sabés que ayer leía un libro y me acordé de vos? – me diste un mate y empecé a tomar.

- ¿Por qué? Hablaba de algún tipo de trastorno de personalidad múltiple o de cómo hablar con alguien que está muy chapa para ser entendido por la psicología común.

- No, gil. – y terminé, te pasé el mate y me sonreíste – Hablaba de la gente y el sexo, de cómo nos relacionamos y de qué pensás cuando tenés en frente a alguien que te quiere.

- Ha, por lo visto era muy amplio el texto. ¿No será de tu autoría? – lancé una carcajada cómplice y sonreíste, mientras tomabas mate y te quemabas la lengua.

- No, no soy tan complicado. Soy sincero y simple. Si escribiera un libro de este tipo tendría un título tipo: “Te quiero dar masa: pasos simples para ir a los tomates”. – Nos reímos los dos, me diste otro mate y no lo tomé inmediatamente porque preferí seguir delirando y, mientras imaginaba frases ejemplificadoras, darte a entender que quería darte un beso y pasar más tiempo con vos.

- “Cómo partirle la mandarina en gajos a tu objeto de afecto”

- Pasos simples para meterte en los pantalones de quien querés”

- “Guía lógica de entendimiento humano: todo pasa por el sexo”

- “Informe teórico: dejémonos de tanto prefacio y pasemos a las cachetadas, compadre”

- “Apurate que mañana se te va: historia de hechos y desechos, el amor no afecta a nadie”

- Jaja – y tu sonrisa dulce, la misma de siempre – te salió el romántico de adentro, lo tenías guardado.

- “Lobo boludo date cuenta: con la oveja no vas a ningún lado”, yo creo que ese se aplica más a esto, ¿no? – un silencio vino y se quedó. Un silencio vino y no se iba a ir y yo estaba tirado contra un árbol pedorro y todavía pensaba que las inexistentes realidades de los mensajes subliminales seguían ejerciendo presión.

Seguimos un rato más. Hablando de otras cosas. Hablamos de lo que pensábamos de la política actual de los Kirchner. Debatimos un rato, porque yo no soy católico y creo que dios no existe y vos creés en eso. Después me hablaste de qué querías hacer con tu vida y de que te sentías un poco presionado por tu familia. Yo di todas mis razones y te motivé a irte a vivir solo y a hacerte cargo de vos mismo. Nos reimos mucho cuando recordamos que éramos dos pelotudos hablando de cosas sin sentido. Ahí fue cuando caímos en la cuenta de que eran las 7 pasadas y que vos tenías que irte.

Seguimos hablando, porque dijiste que preferías hablar conmigo. Seguimos riéndonos. Me dijiste que me ibas a prestar un libro y yo no quería. Acá fue donde la cosa se puso jodida porque tocamos de nuevo el tema conflictivo: el amor.

- A esto...

- ¿A esto? – no entendí qué querías decir y me quedé mudo por un segundo que se hizo eterno en mi cabeza; muchas imágenes pasaron y muchas ganas tuve de darte un beso y romper con la rutina y decirte que te quería y que quería tenerte cerca, que quería soñar con vos, compartir la misma almohada en una cama de una sola plaza y que lo único que me lo impedía era mi pelotuda convicción de no ser suficientemente hombre como para poner los huevos sobre la mesa (o sobre el pasto, ya que estamos hablando de un jardín) y decirte simplemente que me gustabas. – No entiendo.

- Nada, dejá. Igual nunca tenemos tiempo para hablar de estos temas, señor. Tarde o temprano tenía que pasar. Mañana te doy el libro.

- Esquívalo, dale. – y mis ojos me informaron que el agua se había acabado hace rato. El mate estaba frío y el termo estaba tirado por ahí. Muchos puchos habíamos fumado y estábamos más cerca que lo que nuestros cuerpos habían dictaminado en un principio. - ¿A qué te referís?

- Si te doy un beso, ¿te vas a ir caminando por donde viniste, me vas a cortar el mambo de primera vuelta o te vas a quedar para responderme con otro beso?

- No me negaste un mate, por más caliente que haya estado el agua me lo banqué como un caballero. Y un beso no se le niega a nadie, me dijeron. Considerando las circunstancias y viendo todo en un contexto más amplio, nunca me iría ni mucho menos te cortaría el mambo de primera. No le quiero dar la razón a mi patología amorosa cobarde de siempre esperar a que el otro de el primer paso, pero creo que voy a desenvolver tus intenciones a mi favor.

No cambiaste la cara de a poco; fue un súbito enrojecimiento de tus mejillas y una sonrisa, luego seguida de una risa escandalizadora. Ahora cuando miro con perspectiva me pregunto: ¿de qué sirven las indirectas cuando no son reconocidas como tales?

martes, 29 de junio de 2010

L - OVE

The birds and the bees
are so hard to please
They sing so sweet and sticky
Sucking the sugar
licking your lips again
Barely get you undressed
before you get in a mess

It's na-tur-al don't let it
swoon up again
running the race again

L-ove

Love is here to stay
Don't you go and turn it away
Love can be your friend
We all need love in the end

Your hearts pumping dreams like gasoline
And you're ready to roll so do it
Look it in the eye
Don't creep up behind
Makes you feel so nice just give it a try
Just get the motor running
Started with a kiss
Then the fingertips


Yeah, you make me wanna listen to music again.